200 días de pandemia: Desescalada de nuevos casos en Bolivia, pero no de los decesos


A diferencia de junio y julio, septiembre parece una ‘taza de leche’, si de coronavirus se trata. Sin embargo, cada día, en sus reportes diarios, las autoridades se encargan de recordar a la ciudadanía que es temprano para cantar victoria.

En lo que va de este mes, excepto el jueves, en Santa Cruz, los informes reflejan una tendencia al descenso de nuevos casos confirmados, mientras que la desescalada de las muertes va a velocidad más lenta. Señal de alerta.

A 200 días del Covid-19 en el país, involucrados en el sector de la salud hacen un balance de los aciertos y errores en la gestión de la pandemia, del impacto de la circunstancia electoral, de la evolución de la casuística, de la ‘itinerancia’ del virus y de la coyuntura.

«Hoy estamos en un momento de transmisión baja de la pandemia, académicamente nos encontramos en una meseta con claras tendencias de descenso, pero eso está en base al registro de casos que se tiene. No podemos decir que no existe un subregistro», explicó Marcelo Ríos, director del Servicio Departamental de Salud (Sedes) Santa Cruz.

Ríos cree que, al ser el 40% de los casos asintomáticos, están quedando fuera de registro porque dejan de acudir al sistema de salud, y por eso los estudios de seroprevalencia encuentran tantos positivos.

«Desde el punto de vista de los registros existe una tendencia a controlar la situación, pero hay realidades que no podemos esconder, como esa población que no está registrada porque no fue captada, y que continúa circulando», dijo.

Con él coincide Virgilio Prieto, jefe nacional de Epidemiología, del Ministerio de Salud. «Tenemos subnotificación, la gente está haciéndose pruebas rápidas y eso no se está detectando, estamos bajando en casos nuevos, pero no a la velocidad que nos muestra el número de fallecidos, hay gente que no está acudiendo a los servicios hospitalarios», reconoció. Sin embargo, destacó que en un recorrido por El Alto y La Paz, la mayoría de la gente usaba barbijos, situación que se repite en Santa Cruz.

Sobre el riesgo de un rebrote, Prieto dice que hay una tendencia importante en el descenso, pero no deja de sentirse preocupado por los fallecimientos que no bajan al mismo ritmo. «Esto quiere decir que hay gente que está atendiéndose en su casa y llegando muy tarde a los servicios. Esto incrementa la tasa de letalidad y no captamos esos casos», sostuvo.

Y aunque ve una disciplina en la población, lo inquieta el movimiento generado por las campañas políticas. «No me importa de qué partido sean, eso nos está poniendo en riesgo, y un poco los mercados. Si logramos controlar esas cosas podemos seguir el descenso, pero es probable que debido a estas concentraciones masivas también hubiera transmisión masiva, y entonces tendríamos rebrotes grandes e importantes», indicó.

​Casuística

Ríos considera que, desde una mirada general a la pandemia, la contención ha sido buena porque la curva epidemiológica se mantuvo casi plana por 70 días, «lo que nos permitió evitar situaciones como la de Guayaquil».

Comparando septiembre con julio, cuando hubo la cima de casos diarios reportados, Ríos recuerda que en un solo día de julio se anotaron 1.245 casos y en una semana 5.000.

«En el pico la tasa de incidencia era de 460 casos por 100 mil habitantes. Mientras que en lo que va de septiembre el máximo reporte ha sido de 100 según PCR, por eso estamos con 50 de promedio de casos. Hoy tenemos un índice de 40 por cada 100 mil, la diferencia es abismal. Esta una situación de muy buenos resultados, en vías de control, pero no puedo dejar de hablar del rebrote, porque sabemos que ha sucedido a España y otros países», dijo. 

Ríos también recordó que la letalidad departamental se mantiene, y resaltó el 90% de recuperados, y la tasa de casos activos de 6 por cada 100 mil. Cree que a inicios de agosto se invirtió la incidencia de casos, que pasó de la capital cruceña a las provincias, «justo cuando aumentó movimiento y el transporte interprovincial», argumentó.

Aciertos y desaciertos

Patricio Gutiérrez, miembro del Comité Científico de la Sociedad Boliviana de Medicina Crítica y Terapia Intensiva, dice que si tuviera que calificar hasta 10 la gestión de la pandemia en Bolivia, pondría 2 como nota.

Entre sus observaciones figuran que con los primeros muertos no había terapia intensiva y cree que las autoridades recién se movilizaron con esos decesos y, encima, mal asesorados a la hora de comprar, como sucedió con los respiradores.

«La pandemia nos encontró con los pantalones abajo. Han improvisado en muchos departamentos, en Beni y Santa Cruz hicieron domos para la atención de pacientes y los atendieron como se pudo y encima tuvimos la crisis del oxígeno y tuvimos que echar mano de profesionales de otras especialidades para que nos ayuden, porque el número de intensivistas no era suficiente», cuestionó.

Gutiérrez también lamenta que las cosas se hicieran regionalmente, sin articulación, «cada departamento hizo lo que pudo. Algunos departamentos hicieron un trabajo mancomunado de todos los sistemas, público, privado y seguridad social, como Beni, y también Santa Cruz. Pero en La Paz, el sistema público, privado y la seguridad social han trabajado de una manera totalmente separada y no se ayudaron en absolutamente nada, eso determinó que la gente peregrine por terapias intensivas y muera sin atención durante el pico de la pandemia», dijo.

También cree que, si bien hubo fortalecimiento de camas, equipamiento y personal en las terapias, la «falta terrible de fármacos», sobre todo para pacientes graves, es un problema que aún no está subsanado.

Pone como ejemplo que a la fecha, entre sistema público y seguridad social, solo hayan 600 camas para UTI, en un país que demanda 1.200, y que en provincias son inexistentes. Gutiérrez además cree importante que se haga un informe de la letalidad de terapias intensivas de cada hospital, «que en algunos casos llegaba al 95%», asegura.​

Su mayor preocupación de que las UTI sigan siendo insuficientes es que tras la pandemia vendrán nuevos problemas. «Tocará afrontar las patologías comunes, porque ahora todo se ha detenido, las enfermedades que no se volvieron urgencias están ahorita guardadas como una bomba de tiempo, estarán peor porque los pacientes no han ido al médico», auguró.

Específicamente sobre Santa Cruz, Ríos considera que hubo unificación paulatina de esfuerzos de los distintos niveles, «el miedo a lo desconocido une. Cada cual sabrá si tuvo una visión política. El Ministerio de Salud hizo acciones de expansión y equipamiento, el nivel municipal terminó uniéndose cuando vio que la cosa era compleja. Sí faltó la capacidad de liberación de recursos, pero a pesar de eso hay una gran debilidad, es que aún dependemos del mercado externo, y eso es peligroso, en medicamentos e insumos diagnósticos. Para acceder al mercado externo ya no se trata solo de plata», resaltó.

El titular departamental del Sedes sostiene que la población que primero salga de esta amenaza de la pandemia es aquella que podrá reactivarse económicamente y que sufrirá menos a futuro.

Por su parte Prieto, opina que en general los actores e instancias hicieron los esfuerzos necesarios, pero que algunas gobernaciones de la gestión pasada entendieron tarde la gravedad de la situación, «pero al final apoyaron; sin embargo, no solo tuvimos oposición, sino también sabotaje, como los bloqueos y el oxígeno», dijo.

Para Prieto, es muy fácil juzgar al sistema de salud, pero recuerda que ninguno en el mundo soportó el ataque de la pandemia, «así que necesitamos el apoyo de la población para cumplir en algo esta dolorosa misión. Si todos cumpliéramos medidas tan simples como el distanciamiento, lavado de manos y uso del barbijo, tendríamos un éxito inusitado en la historia de la salud pública boliviana», pidió.

Fuente: El Deber